domingo, 26 de mayo de 2013

La excelencia, la sabiduría y los emprendedores.

La excelencia es un concepto conocido en el mundo del liderazgo, de la formación en competencias e incluso del marketing . La sabiduría suena un poco a maestro Zen, a Confucio, a Einstein, Perls, Hellinger, Naranjo, Dalai Lama y también a algunos líderes. En este artículo quisiera hacer algunas distinciones: la excelencia tiene más que ver con un alto estándar externocon pautas fijas mientras que la sabiduría tiene que ver con la experiencia, con la reflexión, el aprendizaje y el conocimiento y es más bien una consecuencia de nuestros propios procesos internos. Estos dos conceptos son muy útiles para analizar qué competencias necesita desarrollar un emprendedor y cómo las podría desarrollar, ¿se ha de enfocar en la excelencia, en la sabiduría, o en ambas? Vamos a reflexionar sobre esto.
Antes que nada, el término “excelencia” tiene ciertas connotaciones piramidales, al parecer, “Excelencia” está por encima de “Ilustrísima” y tradicionalmente ha sido una etiqueta que han utilizado los gobernantes, reyes y papas para destacar a familiares, amigos y servidores públicos. Este significado ya implica una cierta mirada externa, como que “la excelencia” te la proporciona otro, normalmente con más poder que tú; como que si cumples ciertos requisitos, alguien o algo podría evaluarte y determinar que lo que haces sigue unos ciertos patrones marcados previamente y que te encuentras en el nivel alto del estándar.

El término “sabiduría”, sin embargo, está conectado a un “hacer lo correcto”; tiene más que ver con la experiencia y va más allá del conocimiento para entrar en el mundo de la creatividad y la innovación. Las personas que están solamente enfocadas en la excelencia, se dejan llevar por los cantos de sirena de un alto estándar externo que les sirve como motor y motivación. No se cuestionan si ese estándar es el adecuado y ningunean la sabiduría que representa un referente interno. 
Recuerdo un programa hace ya años en donde una gran multinacional del sector farmacéutico pretendía formar a su red europea en los patrones de la excelencia, entendida esta como un alto estándar competencial. Después de gastarse una fortuna en adecuar el estándar de toda Europa al estándar alemán – que al parecer eran los más “excelentes”, se encontraron con que el proceso “excelente” de un comercial en Múnich no tenía por qué ser excelente en Cádiz, en Cáceres ó en Barcelona.
Puedo entender una visita médica en Alemania como algo estructurado y estandarizado; esa misma visita en el Sur de Europa puede llegar a ser un fracaso si se aplican los mismos estándares alemanes. He tenido la oportunidad de acompañar a exitosos comerciales del sector Farmacéutico y Hospitalario y me sorprendió descubrir que muchos de ellos habían trascendido la excelencia y eran auténticos "sabios de la visita médica".

El mundo no funciona como un programa de ordenador en donde las respuestas del sistema están programadas. La vida tiene sus propias reglas y tiempos y pretender poseer un “proceso” excelente que permita tener éxito aún en casi todas las situaciones es, cuanto menos, un poco arrogante.
Esto me recuerda la actual situación de crisis en Europa, en donde aún los economistas siguen buscando la piedra filosofal, la búsqueda de un alto estándar externo que vaya a solucionarlo todo -  ésa es la búsqueda de la excelencia. Sin embargo, la solución “excelente” en un contexto no tiene porqué serlo en otro, y los contextos cambian mucho. Intentar mejorar lo que hacemos - siguiendo estándares externos - para convertirlo en “excelente” – siguiendo de nuevo el patrón alemán - supone no salir de nuestra zona de confort y seguir haciendo lo que siempre hemos hecho - aunque con la frustración de que no podemos alcanzar esos altos estándares y por mucho que los vayamos mejorando, no conseguiremos nuestros objetivos. Estos se encuentran fuera del contexto de excelencia que estamos contemplando.
Está bastante popularizada la PNL de salón, aquella que al mismo tiempo que te anima a copiar los procesos de los demás, te lleva a fantasear con ser una persona excelente y conseguir resultados espectaculares. Recuerdo un programa de creatividad al que me invitaron en el que el facilitador animaba a los participantes a ”copiar” aduciendo que copiar también era creativo. No dudo que copiar tenga sus beneficios, y aquí se puede justificar el término ”excelente”, pero no dejo de comparar el término “excelente” con un ordenador, con una máquina que después de mucho feed back ha conseguido hacer las cosas bien. Puede ocurrir, sin embargo, que esos procesos excelentes dejen de tener utilidad.en el momento en que el contexto cambia. 
Se presupone que si a las personas las formamos en “procesos de excelencia” llegarán a ser “excelentes”. Que si una Escuela de Negocios promueve “prácticas de excelencia”, todos aquellos que las sigan alcanzarán el éxito y la  felicidad. Todo esto es bastante infantil y aunque esté construido en torno al marketing, la motivación y la psicología positiva, no deja de ser, después de todo, una gran mentira.
Cuando la incertidumbre de un negocio es baja, la excelencia puede tener su sitio; cuando la incertidumbre lo inunda todo, las variables que hemos de considerar son la reflexión, el conocimiento y ante todo, la experiencia y todo esto junto se llama “sabiduría”.
Puedo mejorar una paella de la que conozco el proceso a la perfección, en donde las medidas de arroz, caldo, ingredientes y tiempo de cocción están cuidadosamente establecidas pero si he de hacer la paella en México DF (y lo digo por experiencia), mi proceso de excelencia no me va a ayudar. Ahí tendré que conformarme con el arroz que encuentre, el agua tiene un punto distinto de cocción al estar a más altura y los ingredientes no son los mismos. Aquí lo que aplica es la sabiduría.
Una persona “sabia” en el mundo de las paellas será capaz de modificar los ingredientes y las reglas acorde con el contexto que le ha tocado. Igualmente, un maestro de kyudo (arte de arquería en Japón), es capaz de modificar la tensión que le da a la flecha y la dirección en función de la distancia al blanco y del viento. No es lo mismo que disparar una flecha a una distancia fija con el mismo arco y sin viento, que me permite llegar a depurar el proceso hasta convertirlo en excelente. En el primer caso me estoy refiriendo a la sabiduría y en el segundo a la excelencia.
A los niños en el colegio se les anima a ser “excelentes”, con resultados desastrosos. No se les anima a “pensar” y a actuar en función de las circunstancias, sino a responder de una forma fija, previsible, y que sea susceptible de evaluación para que quede constancia que el que saca un 10/10 es más excelente que el que saca, por ejemplo, un 6/10; aunque todo el mundo es consciente que estos aprendizajes en la edad temprana no ayudan al niño a pensar, ni a ser feliz, ni tampoco a moverse en la vida con soltura.
Desgraciadamente, el concepto de excelencia es un término patriarcal obsoleto que no ayuda en situaciones de alta incertidumbre.
Un tema interesante para un coach es distinguir entre excelencia y sabiduría. La excelencia tiene que ver con enfocarse en un objetivo fijo y perfeccionar un proceso específico que permita alcanzar el objetivo. Este proceso se va depurando basándose en las mejores prácticas hasta alcanzar la excelencia.
Hay multitud de procesos excelentes en una empresa, muchos de ellos documentados. Son muy útiles para definir procesos repetitivos en un entorno poco complejo. Así pues, si quiero definir una trayectoria entre un punto A y otro B en un mapa en un entorno poco complejo, es posible que exista una trayectoria óptima que se pueda definir como estándar, establecer ratios de control e incluso premiar aquellos desempeños más exitosos en función de los ratios propuestos. Sin embargo, si hay tráfico intenso, tormentas, robos en el camino o incluso obras en la calzada, el proceso excelente tiene pocas posibilidades de ser la mejor solución. En este caso, saber adaptarse a los retos que se van presentando, tener intuición y capacidad de reacción, disponer de un amplio abanico de herramientas que nos puedan ayudar, mantenerse atento y consciente en medio de la tormenta y asumir distintos roles en función del entorno cambiante tiene más que ver con la sabiduría. El coach que tiene una diana fija y pasiva – en una realidad que se está moviendo continuamente en la incertidumbre-  pierde contacto consigo mismo y acaba trabajando en una realidad imaginaria que ya fue y que no volverá a ser. Un coach puede ser excelente, pero eso a menudo no ayuda al cliente. El coach como chamán. Antonio Diaz Deus.
Aplicado esto al mundo de los emprendedores, tan en boga, nos encontramos con muchas críticas hacia su formación. ¿Qué pretendemos?  ¿Hacerles volver a la Escuela o a la Universidad?  ¿Cómo se enseña la sabiduría? ¿Formaremos a los emprendedores inculcándoles un patrón fijo de conducta para que lleguen a ser "emprendedores excelentes"?, y si es así, ¿quién marca el patrón? ¿Quién va a definir el proceso excelente de un emprendedor? - ¿un profesor que no ha salido del aula en su vida y que lo más lejos que ha ido es a Cuenca? Es probable que se lea un par de libros sobre emprendimiento y se sienta preparado para soltar el rollo a los alumnos de lo que tienen y no tienen que hacer. Otra alternativa es interactuar con emprendedores de verdad que han aprendido por la experiencia y que están en el camino a la sabiduría.

Desde luego, hay procesos repetitivos que requieren de excelencia, como puede ser la gestión y contabilidad de una empresa, la producción y algunas áreas de marketing pero esos mismos procesos necesitan de la sabiduría del emprendedor para alcanzar el éxito en un entorno altamente impredecible.

Los emprendedores no necesitan ser excelentes, necesitan ser sabios y aprender sabiduría no es algo que se obtenga de los libros o por internet. Muchas personas van buscando una receta: para ganar dinero, conseguir un trabajo, emprender, ser feliz, ligar, llevarse bien con papá…, aunque en las circunstancias actuales, las recetas tienen poca efectividad. Como dijo Rogers, si se aplica un método o una técnica, el terapeuta/ coach/ emprendedor está condenado a fracasar, a no ser que asuma esas técnicas en su propio hacer; en ese momento, al incorporar la experiencia al conocimiento, transita de la excelencia a la sabiduría.


2 comentarios:

  1. excelencia y sabiduría, me queda clara el concepto, y al mismo tiempo la combinación de ambas, al utilizarlas.

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  2. Quizá es importante enfocarse primero en la excelencia y, desde ahí, buscar la sabiduría. Salu2.

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