viernes, 12 de septiembre de 2014

La identidad, qué es y qué significa. Aplicación al Coaching Integrativo y Sistémico (CISys). 1ª parte.

Hace poco conocí a una mujer en un grupo de amigos. Lo primero que me preguntó después de un par de frases de cortesía fue: Y tú, ¿qué eres?  No supe qué contestar y sólo algunos segundos después respondí: Antonio, soy Antonio.
El resto de la velada transcurrió tranquila, aunque luego reflexioné sobre las expectativas de las personas y la ansiedad que supone mantener la identidad de nuestro interlocutor en abierto. Me explico

Cuando nos encontramos con un desconocido en un entorno social, hay una cierta necesidad de colocarlo, etiquetarlo, situarlo en el mapa de nuestras creencias. Cuando lo definimos, aparentemente ya sabemos de qué va y qué hacer.
Sin embargo, cuando ya lo hemos etiquetado, se pierde la magia del momento, dejamos de investigar, de tener curiosidad; emitimos nuestro juicio sobre esa persona y ya nos comportamos en consonancia, encasillamos al otro y lo integramos a nuestra “zona de comodidad”.
Quien eres tú? O mejor, ¿qué eres tú? Tenemos la tendencia de contestar con nuestra carrera: soy ingeniero, economista, psicólogo, terapeuta…, o también con nuestro trabajo. Esta identificación de nuestro trabajo o estudios con nuestra identidad es habitual aunque tremendamente frustrante. Dicen que en los primeros segundos de una relación, las personas ya se forman una idea del otro y es posible que sea cierto, solo que aquí quiero mencionar lo funesto que supone esta práctica en un proceso de Coaching, aunque también se puede ampliar a procesos de venta, de liderazgo o incluso de relación social.
Qué podemos contestar si nos pregunta alguien ¿qué eres? Puedes contestar como un marido celoso, como un miedoso paranoico, como una reina, como un delincuente, como un orgulloso o incluso como un juez.  Automáticamente estamos incorporándonos en un rol que pretendemos que sea nuestra identidad, rechazando otras posibilidades más abiertas y con más potencial.
Desafortunadamente, en el momento en que pones una etiqueta, dejas de investigar, dejas de tener curiosidad y abres la puerta a todo un mar de juicios que solo generan aislamiento y falta de consciencia. Te cierras a las informaciones que no coinciden con tu etiqueta, el mundo se vuelve más chiquito, tú te vuelves más cerrado y todos estamos más limitados.
Muchas personas son incapaces de relacionarse con otras si previamente no las encasillan, sin una etiqueta que las defina. Así en el momento en que dices la etiqueta, la persona que te acaba de conocer ya sabe lo que se espera de ti, ya tiene sus juicios formados y a partir de ahí todo fluye apaciblemente tranquilo, sin sobresaltos.
Todo esto también se da en las redes sociales, nos tragamos el marketing de las personas que conocemos sólo virtualmente y alejamos de nuestra percepción todo lo demás.
Aquellos de nosotros que trabajamos con personas, hemos de tener muy presente esto, y evitar encasillar a la persona con nuestros juicios previos, sobre su profesión, su tendencia sexual, su poder económico e incluso su lugar de nacimiento.

Nuestra relación no es con el juicio que la persona tiene de sí misma, eso es muy limitante, nuestra relación es con el potencial de la persona que por supuesto trasciende el rol que tiene en su trabajo, en su familia o en la sociedad. De otra forma, estaremos promoviendo más de lo  mismo, reforzando patrones obsoletos y alejando toda posibilidad de desarrollo.

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